El día comenzó temprano, con un buen despertar y un energético desayuno que nos dio el impulso necesario para afrontar una jornada que prometía ser intensa. Entre risas, comentarios y algo de sueño acumulado, fuimos preparándonos para salir. Sin perder ni un minuto, nos pusimos en marcha hacia Estepona, con ilusión y muchas ganas de disfrutar.
El trayecto en autobús fue, sin duda, uno de los momentos más divertidos del día. Entre canciones, bromas y conversaciones, se respiraba un gran ambiente de grupo. Fue precisamente durante ese viaje cuando vivimos una de las anécdotas más comentadas de la jornada: Leonardo le dijo a Lucía “te amo”, desatando risas, aplausos y convirtiéndose en uno de esos momentos espontáneos que quedan para el recuerdo.

Tras un viaje muy ameno, llegamos a Estepona, donde nos esperaba una intensa jornada deportiva. Desde el club queremos agradecer enormemente al cuerpo técnico por el trato recibido, su cercanía y su disposición en todo momento. Nos hicieron sentir como en casa. Los partidos se desarrollaron en un ambiente competitivo pero sano, donde nuestros jugadores pudieron demostrar su esfuerzo, aprendizaje y evolución. Más allá de los resultados, lo más importante fue la actitud, el trabajo en equipo y el respeto mostrado dentro y fuera de la pista.

Al finalizar los encuentros, tuvimos la oportunidad de realizar varias entrevistas, tanto a jugadores como a miembros del cuerpo técnico. Estas entrevistas no solo sirvieron para analizar lo vivido en los partidos, sino también para reforzar la comunicación, la reflexión y el aprendizaje colectivo.

Una vez terminada la actividad deportiva, regresamos en autobús al albergue. Allí nos esperaba una merecida ducha que nos ayudó a recuperarnos físicamente tras el esfuerzo. Después, disfrutamos de una comida completa que nos permitió recargar energías. El ambiente durante la comida fue muy distendido, comentando jugadas, anécdotas y compartiendo risas.
Tras la comida, tuvimos un pequeño tiempo libre que muchos aprovecharon para descansar, charlar o simplemente relajarse. Poco después, nos dirigimos hacia la playa con muchas ganas de seguir disfrutando del día. Aunque las condiciones del mar, con fuertes corrientes y bastante viento, no nos permitieron bañarnos, no fue un impedimento para pasarlo bien. Organizamos juegos con balones, partidos improvisados, actividades con palas e incluso momentos de descanso contemplando el mar. Fue un espacio perfecto para reforzar la convivencia y el compañerismo fuera del ámbito deportivo.

Después de esta intensa actividad en la playa, regresamos al albergue para uno de los momentos más esperados del día: el furor. Esta dinámica grupal estuvo llena de cantos, bailes, pruebas y mucha energía. La competitividad sana y el entusiasmo de todos los participantes hicieron que el ambiente fuera inmejorable. Cada equipo dio lo mejor de sí mismo, generando momentos muy divertidos y reforzando aún más los lazos del grupo.

Tras el furor, llegó el momento de recoger, asearnos y prepararnos para la cena. La comida fue el broche perfecto para recuperar fuerzas después de un día tan completo. Durante la cena se mantuvo el buen ambiente, con conversaciones animadas y muchas risas que reflejaban lo bien que lo habíamos pasado.
Para cerrar la jornada, los jefes nos concedieron un tiempo libre que aprovechamos para llamar a nuestros padres, parejas o familiares, compartiendo con ellos las experiencias vividas durante el día. Fue un momento más tranquilo y personal, que también forma parte importante de este tipo de viajes.
Finalmente, nos fuimos a descansar. El cansancio era evidente, pero también lo era la satisfacción por todo lo vivido. Había sido un día largo, intenso y lleno de actividades, pero sobre todo, un día marcado por el deporte, el compañerismo, la convivencia y la creación de recuerdos que, sin duda, permanecerán con nosotros durante mucho tiempo.
#SomosLAPAZ
