El torneo de Marbella ha llegado a su fin y, con él, se cierra una experiencia única que difícilmente olvidarán todos los que han formado parte de esta aventura. Han sido días intensos, llenos de baloncesto, convivencia, aprendizaje y, sobre todo, momentos compartidos que ya forman parte de la memoria colectiva del equipo.

La última jornada comenzó a las nueve de la mañana con un despertar diferente. Tomás, fiel a su estilo, se encargó de poner el toque de energía desde primera hora, utilizando su altavoz para llenar el ambiente de música y buen humor. Entre risas, bromas y algún que otro gesto de sueño acumulado, los jugadores fueron arrancando el día poco a poco, conscientes de que estaban viviendo sus últimas horas en Marbella.

Tras bajar al comedor para desayunar, el equipo repuso fuerzas para afrontar una mañana que, aunque más relajada en lo deportivo, estaba cargada de emoción. Una vez terminado el desayuno, llegó el momento de organizar las maletas. Todo quedó recogido y preparado en una habitación común, permitiendo así aprovechar al máximo el tiempo restante sin preocupaciones.

Con las tareas hechas, el grupo se dirigió nuevamente a la playa, uno de los escenarios protagonistas durante toda la estancia. Allí se vivieron momentos muy especiales: algunos jugadores decidieron despedirse del mar con un último baño, alargando al máximo esa sensación de libertad y diversión que solo el agua y la compañía de los compañeros pueden ofrecer. Otros, en cambio, optaron por pasear tranquilamente, hacer las últimas compras de recuerdos o incluso acercarse a los recreativos cercanos para disfrutar de un rato diferente, compartiendo risas y pequeñas competiciones fuera de la pista.
A medida que avanzaba la mañana, se empezaba a notar un ambiente distinto. Ya no era solo diversión: también había miradas cómplices, conversaciones sobre los mejores momentos del viaje y esa sensación de querer detener el tiempo unos minutos más.


A la una del mediodía, el equipo regresó al albergue para la comida. Fue una comida tranquila, en la que se mezclaban el cansancio acumulado y la satisfacción por todo lo vivido. Después, hubo tiempo para ducharse, descansar un poco y terminar de organizarlo todo antes de la salida. Algunos aprovecharon esos últimos momentos para relajarse, otros para seguir charlando y recordar anécdotas que, sin duda, se seguirán contando durante mucho tiempo.
Con todo listo, llegó el momento de cargar las maletas y poner rumbo al autobús. Era el inicio del viaje de vuelta, el cierre de una experiencia intensa. Nada más arrancar, el cansancio hizo acto de presencia: en menos de cinco minutos, gran parte del autobús estaba completamente dormida. Las imágenes de compañeros en posturas imposibles no tardaron en provocar risas entre los que aún resistían despiertos, dejando una colección de fotos divertidas que seguro darán mucho juego en los próximos días.
El viaje continuó con dos paradas que, aunque breves, sirvieron para estirar las piernas, despejarse un poco y recargar energías. En esos momentos también se compartieron impresiones finales, sensaciones y ese sentimiento común de haber vivido algo especial.

De vuelta al autobús, el ambiente cambió poco a poco. El descanso dio paso a la energía recuperada y, con ella, llegaron las canciones, los bailes y las risas. El autobús se convirtió una vez más en un espacio de convivencia, donde cada momento seguía sumando recuerdos. Se cantaron canciones, se recordaron jugadas, se hicieron bromas y, en definitiva, se siguió disfrutando hasta el último instante.
Finalmente, tras muchas horas de viaje, el grupo llegó a casa. Allí esperaban las familias, protagonistas también de esta experiencia por su confianza y apoyo constante. Los reencuentros estuvieron llenos de emoción: abrazos largos, sonrisas sinceras y muchas ganas de contar todo lo vivido. Era el final del viaje, pero también el inicio de todos los recuerdos que cada jugador se lleva consigo.
Este torneo no solo ha sido una competición deportiva, sino una oportunidad de crecimiento personal y colectivo. El equipo ha demostrado compromiso, compañerismo y una gran capacidad para disfrutar tanto dentro como fuera de la pista.
Desde la organización, queremos agradecer sinceramente a todas las familias por la confianza depositada en nosotros. Sin vuestro apoyo, nada de esto sería posible.
Marbella se despide, pero lo vivido permanecerá para siempre.
¡Nos vemos en la próxima aventura!
#SomosLAPAZ
